Primer Núcleo Escolar Experimental de la Mina. Oscar Cabrera.Aporte de Hortencia Coronel
   
  Núcleo de la Mina
  Conociendo la experiencia
 


EN LA MINA ESTÁ ENTERRADA LA ESCUELA RURAL DE AVANZADA QUE CONSTRUYÓ MIGUEL SOLER
DIARIO LA REPÚBLICA Domingo, 30 de julio, 2000 - AÑO 12 - Nro.191 Ettore Pierri
 
Vida y muerte de experiencia docente premiada por Unesco.
 
Esta es la historia de un crimen. El escenario es un pueblo agobiado por el latifundio y devastado por la miseria, donde ya casi no queda nadie.La víctima es una magnífica experiencia docente que mereció reconocimiento mundial pero fue destruida cuando vivía su mejor momento. De esa experiencia que distinguió la Unesco, sólo queda el triste, hiriente testimonio de una escuela abandonada, donde yacen muchas esperanzas.
Nota de Ettore Pierri
 
El maestro era joven y acababa de llegar al pueblo. Estaba hablando con un hombre de apellido Santos, quien ya con 80 años a cuestas, vivía solo en un rancho triste que amenazaba con derrumbarse.
 
Cuando el maestro le preguntó qué opinaba sobre los problemas que sufría la gente del lugar, Santos lo miró con los ojos muy abiertos y se puso a llorar. "No sé por qué lloró", comentó esa misma tarde el maestro en una reunión y le explicaron:
 
"Lloró de felicidad, porque fue peón toda su vida y nunca le habían preguntado qué opinaba. 
 
Siempre lo trataron como a una herramienta y vos hiciste que se sintiera un ser humano. Por eso lloró".
 
Eso sucedió a fines de 1954 en La Mina, pequeño pueblo pobre de Cerro Largo, donde un grupo de maestros piloteaba una fermental experiencia que prometía renovar a la escuela rural uruguaya.
 
En ese poblado, ubicado casi sobre la frontera con Brasil, unos 470 kilómetros al norte de Montevideo, aún hoy mucha gente recuerda a esos maestros y sobre todo a quien los conducía, 
 
Miguel Soler, catalán nacionalizado uruguayo que es una verdadera institución en la zona.
 
"El y su gente hicieron mucho bien aquí. Enseñaban a leer y escribir pero además nos ayudaban en todo. Ellos se preocupaban por los problemas que teníamos. Era muy buena gente", dicen en el pueblo.
 
Para La Mina todo comenzó cuando Soler retornó de México, donde había ido a estudiar en el Centro Regional de Enseñanza Fundamental de América Latina (Crefal), en usufructo de una de las cinco becas que en los primeros tramos de los años 50 la Unesco concedió al magisterio uruguayo.
 
El Crefal era un proyecto experimental de la Unesco para orientar a maestros jóvenes y entre sus directores se destacaba Julio Castro, cuyo nombre aún integra la larga y dolorosa lista de los detenidos-desaparecidos en nuestro país durante la dictadura militar.
 
Uno de los objetivos del Crefal era renovar la educación que se impartía en el medio rural, inquietud que coincidía con la de muchísimos maestros uruguayos y su sindicato, que venían trabajando en ese sentido desde varios decenios atrás.
 
Según Castro, uno de los tantos impulsores de ese cambio, la escuela rural debía encarar una transformación de fondo para tomar contacto con los problemas del medio social donde operaba, contribuir al análisis de sus causas y, en el contexto de esa concepción, impulsar las soluciones necesarias.
 
Cuando Soler llegó al Crefal, los maestros uruguayos ya estaban desarrollando un riquísimo bagaje teórico sobre esa nueva escuela rural, elaborado en innumerables reuniones, congresos, debates, análisis y ensayos.
 
Soler enriqueció ese arsenal teórico en el Crefal y regresó a Uruguay dispuesto a usarlo en favor de la gente que más lo necesitaba:
 
"Deseaba llevar a la práctica todo lo que había aprendido en México y entonces le propuse al Consejo de Enseñanza Primaria realizar una experiencia en un lugar carenciado", le explicó al periodista Luis Charbonier en agosto de 1987.
 
Y así fue como Soler se fue a La Mina en 1954, casi sin recursos pero con un equipo de docentes tan entusiastas y talentosos como él.
 
LOS OBJETIVOS
 
Soler y su gente fundaron en La Mina el Primer Núcleo Escolar Experimental, que abarcó primero a seis y no mucho después a siete pequeños pueblos dispersos en un área de 250 kilómetros cuadrados.
 
El centro de operación del Núcleo estaba en La Mina, desde cuya escuela se coordinaba a las ubicadas en Cuchilla de Melo, Paso de María Isabel, Paso de Melo, Pueblo Noblía, Puntas de la Mina y San Diego.
 
Esas siete localidades, que en conjunto tenían 2 mil 600 habitantes, constituían una zona agrícola donde predominaban pequeñas explotaciones familiares rodeadas por grandes estancias y rancheríos en expansión.
 
En esa zona, donde según subrayó Soler había "mucha gente sin tierra", de cada 100 habitantes con 15 y más años de edad, 30 no sabían leer ni escribir y ese porcentaje trepaba al 53 por 
 
ciento en Paso de María Isabel, que jamás había tenido escuela.
 
Toda la región donde operaba el Núcleo carecía de agua potable, energía eléctrica, servicios médicos y teléfonos públicos, sufría gravísimos problemas en materia de nutrición, salud, vivienda y enseñanza y registraba uno de los índices más altos de la pobreza que se extendía en 
el norte uruguayo dominado por inmensos latifundios.
 
Radicados en ese medio, integrados a quienes vivían allí, Soler y su equipo básico comenzaron a poner en práctica programas de trabajo que de acuerdo con documentos publicados por el propio Núcleo, "daban continuidad a todo lo que se venía sosteniendo en el país en cuanto a la 
necesidad de liberar al campesinado uruguayo de una situación de progresiva marginalidad socioeconómica".
 
En esa concepción --escribió Soler-- la escuela toma los intereses de la comunidad "como palanca esencial, pretende abarcar todos los sectores de la vida humana, basa su acción en el conocimiento de la realidad por medio de la investigación y, más que en la abstracción de un ideal a alcanzar, insiste en apoyarse en la realidad para superarla paso a paso".
 
En La Mina, subrayó Soler, el maestro ocupaba su puesto de vecino no para sustituir a la gente en la obtención de un mundo mejor sino para construirlo con ella.
 
LA OBRA
 
En poco más de seis años, el Núcleo desarrolló una espléndida labor comunitaria que comenzó a mejorar significativamente la calidad de vida en los siete pueblitos que cubría con su red de escuelas.
 
Aumentó considerablemente la matrícula escolar, abatió el analfabetismo, promovió las huertas familiares, logró cobertura médica total para la zona, impulsó la creación de cooperativas y promovió el deporte y las actividades reacreativas y artísticas.
 
Regularizó el funcionamiento de los comedores escolares, que en muy poco tiempo se constituyeron en ejemplo para todas las otras escuelas rurales del país, según coincidieron en afirmar las autoridades de Primaria.
 
Instaló una huerta en cada escuela, donde niñas y niños participaban diariamente en la producción y preparación de los alimentos, que en parte también eran destinados al consumo de los hogares más necesitados.
 
En el área de la producción familiar local, fomentó la horticultura, aportó servicios veterinarios, distribuyó semillas, creó cultivos experimentales, enseñó el uso de numerosos implementos agrícolas y organizó con un banco de Melo programas de créditos destinados principalmente a pequeños productores jóvenes.
 
Como la venta de insumos para la agricultura no era función de las escuelas, ayudó a fundar la Sociedad Vecinal de Fomento Rural, que se dedicó a esa tarea, entre otras, organizada como cooperativa, con unas 400 familias afiliadas y dirigida por una comisión en la que estaban  representadas las siete zonas que integraban la red escolar.
 
En el área de la salud desarrolló una intensa labor de prevención, educación sanitaria, control de embarazos, vacunación, nutrición y primeros auxilios y multiplicó la realización de clínicas materno-infantiles.
 
Respaldó la creación del Servicio Médico Vecinal La Mina, sociedad mutualista que contaba con servicios médicos y odontológicos, financiada y administrada por la propia comunidad.
 
El Núcleo asesoró a las personas que tramitaban pensiones, asignaciones familiares y jubilaciones y logró que pudieran cobrar esos beneficios en la escuela más próxima para evitarles largos desplazamientos a través de pésimos caminos casi intransitables. Editó revistas infantiles, mejoró las bibliotecas escolares, llevó el cine a zonas apartadas, distribuyó 
profusamente material alfabetizador, trajo teatro a los pequeños pueblitos de la región, produjo un espacio radial en La Voz de Melo y publicó miles de "hojas instructivas", cada una de las cuales trataba un problema o necesidad del medio.
 
Fomentó el surgimiento de grupos de mujeres y jóvenes que se reunían periódicamente para analizar asuntos que les concernían específicamente y diseñó un plan de visitas permanentes a los hogares, que permitió al personal docente establecer relaciones muy profundas y sólidas con 
las familias del lugar.
 
Para todo eso contó con su propio personal que aunque reducido pudo salir adelante gracias al apoyo de algunos ministerios, entes autónomos, entidades públicas y privadas del departamento, estudiantes del resto del país y donantes anónimos.
 
Hacia fines de 1958, el Núcleo, fue distinguido especialmente por la Unesco, que lo incluyó en un proyecto de alcance mundial denominado Proyecto Principal, orientado al perfeccionamiento de maestros, directores y supervisores de educación rural de todos los países integrantes de las Naciones Unidas.
 
De acuerdo con esa resolución de la Unesco, docentes y técnicos extranjeros altamente calificados viajarían a La Mina para enriquecer sus conocimientos con lo que allí estaba haciendo el equipo de Soler.
 
Así, la red creada por el Núcleo se convertiría en centro de formación para maestros y expertos en enseñanza rural de todo el mundo, lo que implicaba conceder a Uruguay la más alta distinción a la que podía aspirar en este campo.
 
Pero los días del Núcleo ya estaban contados.
 
EL FRENO
 
El gobierno blanqui-ruralista que asumió en 1958 no demoró mucho tiempo en retacear respaldos al Núcleo, que rápidamente fue perdiendo el respaldo de las autoridades de Primaria y otros organismos oficiales.
 
Pese al apoyo que recibió de múltiples sectores, a las movilizaciones que los maestros realizaron en su defensa y al reclamo unánime de los siete pueblitos, el Núcleo fue despojado del aporte financiero oficial y hacia principios de 1961 entró en una profunda crisis que lo devoró.
 
Hoy ya no queda nada de él, salvo recuerdos que aún nutren la memoria colectiva de La Mina, el pequeño pueblo donde nació, ahora también devastado por el latifundio, la pobreza y las políticas gubernamentales, y a punto de convertirse en un pueblo fantasma, vacío de gente. "Con Soler la gente estaba aprendiendo a valerse por sí misma, a mejorar su vida con su propio esfuerzo, a construir ese mundo mejor del que tanto hablaba el maestro. Por eso habrá sido que la cosa no le gustó a tanto estanciero que andaba por ahí, mirando de reojo lo que Soler estaba haciendo aquí. Y por eso habrá sido que mataron lo que él hizo", dicen en la zona, donde sigue vivo el recuerdo de Soler.
 
Nair Silvera: fue alumna de Soler y lo recuerda como "un hombre bueno que ayudaba a la gente".
 
DIARIO LA REPÚBLICA Domingo, 30 de julio, 2000 - AÑO 12 - Nro.191. Una nota de Ettore Pierri
 
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